Arte de rua

El arte de calle brasileiro está considerado hoy como uno de los más importantes del mundo. Mientras buena parte de la población –conservadora–  sigue juzgando el graffiti como un acto de vandalismo urbano, cada vez son más los que en Brasil reconocen esta técnica como una de las tendencias más atractivas y con mayores posibilidades del arte contemporáneo. Y si bien es cierto que los muros y fachadas de todas las grandes ciudades brasileiras están repletas de obras de una calidad indiscutible, es en las calles de São Paulo donde el grafiti ha encontrado su mejor galería.

São Paulo está entre las diez mayores urbes del mundo y es la más poblada del hemisferio sur. Por su estructura anárquica y fría, se ha ganado el apelativo de A Cidade Cinza (la ciudad gris), estigma que los grafiteros se empeñan romper llenando de formas y colores el gigantesco lienzo que un plano con más de 1.500 kilómetros cuadrados y casi 12 millones de habitantes les brinda.

Naturalmente, no se crea escuela sin maestros. Los hermanos Gustavo y Otávio Pandolfo (1974, São Paulo), más conocidos por el seudónimo artístico de Os Gêmeos (Los Gemelos), son dos de los principales representantes de un nutrido conjunto de grafiteros paulistanos aclamados internacionalmente, y que ha contribuido a hacer del arte urbano una de las nuevas señas de identidad de esta metrópoli brasilera en la todo parece ser anónimo.

Eduardo Kobra, Zezão, Speto, Magrela, Alex Senna, Binho Ribeiro… Artistas con rasgos de estilos originales y propios, pero que comparten el gusto por cierto realismo mágico y por plantarle cara a las miserias sociales a través de sus pinturas.

Entre todos han conseguido hacer del grafiti una manifestación artística de pleno derecho. Los diseños que se propagan por las cuatro esquinas de la ciudad disimulan la desolación del cemento, gritan desde las paredes y ya forman parte del día a día de los paulistanos. La virtud de este arte está en la osadía, la inmediatez, lo exagerado: nunca pide permiso, se impone.

En una época de desconexión humana, de mercantilismo salvaje y de ritmos frenéticos la ciudad debe ser más que nunca un escenario de encuentros directos entre ciudadanos, no únicamente un núcleo de producción. De ahí que en lugares como São Paulo –también en otras partes de Brasil– el graffiti marque un camino que mire en dirección opuesta, sirva como válvula de escape y trate de poner en práctica una de las reivindicaciones más necesarias y olvidadas a día de hoy en las grandes urbes: recuperar los espacios públicos para los ciudadanos.

¿Qué puede haber de vandálico en utilizar un arte totalmente accesible, gratuito, democrático, del que todos puedan formar parte, que embellezca el espacio urbano y que sirva como foro para el disfrute, la crítica social y la reflexión?

Mayo, 2015. Arte realista en algún muro de la Zona Sul. Los diseños con colores saturados es un patrón frecuente en el arte urbano de de São Paulo.

Mayo, 2015. El Beco do Batman (literalmente, Callejón de Batman) es una pequeña zona de calles estrechas que se encuentra en el barrio bohemio de Vila Madalena, en la Zona Oeste. El lugar se caracteriza porque sus moradores han dado el consentimiento para que los artistas cubran de diseños las paredes de casas particulares y comercios, convirtiéndose en un auténtico museo descubierto.

Mayo, 2015. La ‘III Bienal Internacional de Graffiti Fine Art’ se celebró en el Parque Ibirapuera entre el 18 de abril y el 19 de 2015, con entrada libre, acogiendo un espectro de obras que oscilaban desde el más complejo simbolismo, hasta la d social directa. Esta obra es un ejemplo de crítica contra la sequía que región metropolitana de São Paulo sufrió en 2014.

Mayo, 2015. Esta y la siguiente son dos de las piezas exhibidas en la Bienal. La atribución de rasgos animales a humanos y viceversa es otro de los recursos que caracteriza la producción artística paulistana.

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Texto y fotografía: César Caso

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