¿Dónde?

A veces tengo la sensación de que nos toman el pelo.

En realidad, creo que ya no es una sensación, porque ha logrado reafirmarse en un estricto convencimiento.

He escuchado tantas historias, tantas, que parecería imposible que fueran todas similares, pero lo son: horas perdidas en empresas que te tienen ahí porque sí, para mirar una pantalla durante las 5 horas que exige el contrato de prácticas; empresas que van cediendo puestos a infortunados que se dejan atrapar por las telarañas del futuro prometedor (la “posible contratación” siempre ayuda a que piques con más facilidad) con el único fin de dar una imagen de empresa benefactora que ofrece experiencia laboral para futuros profesionales.

Y, al final, todo se reduce en eso. En una imagen. Porque todo lo demás deja mucho – sino bastante – que desear.

Si asomáis vuestra cabecita curiosa en alguna de las conversaciones de estudiantes enfurecidos encontraréis esas historias de las que he hablado antes, repletas de una profunda decepción e inquietantes ganas de prenderle fuego al pelo de algún/a jefe/a para que la calvicie se convierta en el mayor de sus problemas y nos envidien por nuestra preciosa y joven cabellera.

Pero volviendo a lo de antes. Os dejo por aquí algunas frases que resumen la actual relación empresa-estudiante: “Me he pasado hoy las 5 horas sin hacer absolutamente nada porque no nos mandan trabajo a los becarios. Al final he optado avanzar mi trabajo de fin de grado para no sentir que perdía completamente el tiempo”. También: “Ocho becarios para una empresa que apenas saben organizarse las tareas entre ellos mismos”, o incluso: “me ha dicho que está interesado en contratarme, pero exclusivamente con contrato de prácticas en jornada completa” (¡sigue soñando, colega!).

¿Alentador, eh? ¿Pero sabéis que es lo peor? Que al final cedemos. Cedemos porque es más experiencia para el currículum, porque son unos eurillos más para el bolsillo (¡anda y te quejarás, niño!), y en fin, una infinidad más de razones entre las que prima esa constante esperanza de novatos de que realmente nos dejarán hacer aquello para lo que hemos estado estudiando 4 años en la universidad.

Somos jóvenes, talentosos, ansiosos por aprender. Pero, ¿dónde están las posibilidades?

Y aquí es cuando digo que debemos crearlas nosotros mismos. Confiemos en nosotros y en nuestro potencial; apoyémonos para ir haciendo un camino que podamos recorrer en independencia y en el que nos deshagamos de esa extrema supeditación hacia empresas que sencillamente no quieren apostar por lo nuevo y diferente.

No temamos a arriesgar.

 


 

Por: Bernardita Prudant

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