De profesión, poeta

Alejandro Marín es un estudiante de Psicología que se dedica a escribir poesía en sus ratos libres (y no tan libres). Con una práctica constante, comparte sus textos tanto en Instagram como en su blog personal; textos tristes, enamorados, reflexivos, que muchas veces acompaña de fotografías para ilustrar mejor aquello que le ha inspirado a escribir.

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Apología de un sentimiento enfermo es su ópera prima. Es un poemario que “gira alrededor de mi hermano, que es drogadicto, desde su ida a rehabilitación hasta su retorno. Es muy cortito – 25 poemas -, pero a la vez muy íntimo. Entonces, ya se publique o no tiene un valor sentimental enorme, y lo veo más como un regalo para él”. También está en proceso de escribir una novela, que va “de un chico de un pueblo que deja su casa y empieza un viaje. Es un libro sin nombres – el protagonista se llama Uno –, sin inicio, nudo o desenlace; se trata de responder a las preguntas que nos surgen a todos en la vida diaria”.

Marín está actualmente buscando publicar Apología de un sentimiento enfermo, poemario acerca de la rehabilitación de su hermano

La mayoría de las cosas que escribe son bastante personales, y por esto “la gente no suele entenderlo”. Pero no es algo que considere realmente importante, ya que “a veces, ese es el punto; me estoy abriendo a mi manera. A mí me gusta leer un poema e interiorizarlo desde mi perspectiva. Cada uno tiene su propio filtro y siente de forma distinta. De todas formas, lo que he hecho en el poemario es poner una pequeña aclaración debajo de cada poema, para que quien lo lea siga esas etapas como las he vivido yo”.

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La poesía en las redes sociales es algo que se ha mantenido en auge en los últimos años, especialmente a través de Twitter, plataforma de la que han salido nombres conocidos como Irene X o Turista en tu Pelo. “Es una forma de acercar este género a la gente más joven, pero se sale de lo que yo entiendo de poesía, porque se pierde ese simbolismo, ese cúmulo de cosas interiores que no sabes muy bien cómo expresar. Ahora se trata más de dialogar sobre la realidad – sí, de forma bonita – pero ya no es lo mismo”.

No es que no sea fan de Twitter: “Antes era un espacio más intelectual, predominaban las palabras por encima de las fotos o las canciones. Recuerdo que había un tuitero que se llamaba Cronopios, y me gustaba leerlo porque contaba, con un especial realismo, su día a día. Se levantaba a las 6 am y ponía una serie de 20 tuits seguidos y yo los leía sin ninguna pereza”.

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El estilo que ha alcanzado es un cúmulo de referencias a autores latinoamericanos como García Márquez, Borges o Cortázar, uno de sus favoritos: “Recuerdo una entrevista que escuché de Cortázar – sin haberlo leído nunca previamente – en el programa A Fondo de RTVE, en la que hablaba de la soledad. Me sentí tremendamente identificado y me emocionó muchísimo”.

“Cuando comencé a ver los comentario de la gente y mi progreso, me he ido animando más conmigo mismo”.

Esa expresión poética también es fruto de una práctica constante y diaria que lleva plasmando en su blog personal desde 2013, elemento que le ha servido para ver desde fuera su propia evolución. “Cuando comencé a ver los comentarios de la gente y mi progreso, me he ido animando más conmigo mismo. Es mi sueño poder dedicarme a ello”.

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Pero, ¿quién decide si eres bueno o no? Es una pregunta que los trabajadores del sector creativo se plantean mucho. Marín opina que en la literatura de hoy día hay muchos escritores y aún mayor difusión, por lo que “te puedes encontrar cosas maravillosas o muy malas. Sólo hay que poner de ejemplo que el libro de Belén Esteban haya estado en el top ventas hasta hace relativamente poco, lo cual da mucho qué pensar”.

Las grandes editoriales suelen “apostar por tuiteros o youtubers conocidos, porque saben que van a vender”.

Entonces, ya no se trata de si eres bueno o no, sino de cómo abrirte paso: “Mediante concursos que, sinceramente, no valen la pena ganar. Puedes ganar un concurso, que te den 500 euros y ellos se quedan con todos los derechos para publicar lo que quieran. De todas maneras hay unos cuantos premios importantes, como el Adonis para poesía joven”. También está la más antigua, el conocido enchufe. “Puedes encontrar a alguien que pase tu trabajo a algún tipo de contacto en el gremio. Sinceramente, entiendo que sea un mundo cerrado, porque a la gente de dentro le ha costado mucho trabajo llegar ahí. Por eso la clave está en ser insistente y no rendirte”.

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Este “selectivo” filtro no deja mucho pie a los más jóvenes, a menos que sean tuiteros o youtubers conocidos, “porque saben que van a vender”. Marín está actualmente en la búsqueda de alguna editorial que publique su poemario: “Se lo he enseñado a Niebla, una editorial de Huelva que supuestamente ayuda a los jóvenes escritores, pero no me ha contestado; también a la editorial Isla de Siltolá, en Sevilla, a través de una amiga que ya tiene un libro publicado”. Ha intentado con otras muchas “pero siempre te responden lo mismo: que leas las bases y que envíes un currículum literario, es decir, publicaciones que hayas hecho antes, colaboraciones, premios que hayas ganado… entonces, así difícil”.

En este panorama Marín cuenta que ha surgido la llamada “autopublicación”, mediante la cual “las editoriales independientes cogen tu libro, lo maquetan – muchas veces ni lo leen o corrigen – y, según la cantidad de ejemplares, te ponen un precio”. Por ejemplo, unos 50 ejemplares pueden costar unos 300 o 400 euros.

“Cuando envío mi poemario y me mandan directamente a la autopublicación, pienso: ‘¿Es que no vale la pena que se arriesguen por mí?’”
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Su poesía es muy personal y puede que la gente no la entienda, pero “a veces, ese es el punto; me estoy abriendo a mi manera. Cada uno tiene su propio filtro y siente de forma distinta”.


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